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Entre Moradas De Luz Y Sombras


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Copyright Category: Publications and Books
Type of Work: Literary
Copyright Holder: LILIANA CARDONA ZEA
Year Published / Made Public in: 2012
Date Added to Copyright Register: 02-Jan-2013 00:45
Last updated: 22-Jan-2013 10:38


Literary Copyright Work Details:

ENTRE MORADAS DE LUZ Y SOMBRAS

LILIANA CARDONA ZEA

Copyright Liliana Cardona Zea- 2012
Impreso en Dot Press LLC
1941 West Fulton St.
Chicago, Il 60612

P: 1-312-421-0293
Design: Ernesto Galindo
Pintura portada: Liliana cardona Zea.

5Escribimos para ser lo que somos o para ser aquello que no somos.
En uno o en otro caso, nos buscamos a nosotros mismos. Y si
tenemos la suerte de encontrarnos – señal de creación –
descubrimos que somos un desconocido.
Octavio Paz
No hay que desesperar nunca si se ha perdido algo, una
persona, una alegría, o una dicha: todo vuelve de nuevo con
major esplendidez. Lo que debe desprenderse, cae: lo que nos
pertenece, permanence en nosotros, pues todo obedece a las leyes
que superan nuestra comprensión y con las que sólo aparentemente
estamos en desacuerdo. Hay que vivir en uno mismo y
pensar en la totalidad de la vida, en sus millones de posibilidades,
de vastedades y de futuros, ante los cuales no hay nada
pasado ni perdido.
Rainer Maria Rilke

A mi esposo Dan, quien ha sabido demostrarle al mund

9
PRIMERA MORADA PRIMERA MORADA

SUEÑO DE MIL AÑOS
Sus brazos son columnas
que sostienen dos estrellas,
cuando la noche las hace
música y poemas …
yo reposo en ellas.

Sus brazos son columnas
que sostienen dos estrellas,
cuando la noche las hace
música y poemas …
yo reposo en ellas.


TRAZOS
Regresas
al comienzo de tus días
donde duerme la causa
que dibuja
en mis ojos tu melancolía

ESCRITURA
a Oliver y Sebastian Pfister Larson
Hecho de sol
su cuerpo vivo
gira en cavidad celeste
y despliega en espiral
del recorrido
historia que aún
no se ha escrito

CUERPOS
Somos amanecer de agua
cuando mi cuerpo
amarrado a tu cintura
inventa lluvia de pájaros
sobre tierra
de arboles preñados

ÚLTIMO VUELO
Extenuado de aspirar aire enrarecido
soñando quimera de espacio cálido
el solitario pájaro entregó su cuerpo
en lúcido instante de relámpago
sobre lecho de agujas
última y total ruptura

PAUSA

DEMOLICIONES
Así partió…
sin siquiera haber llegado,
en noche de versos despeñados
sobre ausencia de sentidos
profundo desamparo
que divide en dos mi cuerpo
y siembra mis restos
en terrenos enemigos.

NO OBSTANTE

POR UNA MUERTE QUE NOS PERTENEZCA

MOVILIDAD
a Eduardo Barraza,
Poeta Chileno.
Existen otros mundos que rodean sus fronteras …
a veces son puntos fugaces
que expanden y disgregan,
a veces universos que concentran.
Piensa su propia rotación
entre presencia y ausencia
y se concibe a sí mismo
como un trazo que navega

FRONTERAS DE SOLEDAD

En cruce de caminos
se vislumbra lecho de espinas
atravesando pared de humo,
frontera que divide dos ciudades
que comparten pensativas soledades,
violencia de guerra uniformada,
encuentro de cuchillos entre razas
aglomeradas en cárceles, burdeles,
círculos de cortes y trenes
que convierten en quimeras ilusiones
y en piedras de sal habitantes de la noche.


CORTEJO ADENTRO

SIN ASIDEROS
Tiempo que escapa entre grietas del camino
cuando el odio se mastica
en oscuro recinto de escéptico vacío.
Ronda por orillas herméticas
veredicto emitido por angeles malignos,
virtudes inéditas, públicos pecados,
religioso sueño en altar de impíos.
No basta entonces ser casa de astros,
asidero de invisibles infinitos,
cuando surgen puñales entre cruces y círculos
repitiendo epílogo de sangre,
escupiendo epidemia cancerosa,
burla de dioses malditos.

RITOS
Pesan minutos inmersos
entre callada espiral del recuerdo
arrojando cadena de sucesos
sueños de vida entre pausas de desprendimiento
fugaces pensamientos y caída solitaria
a través de multitud de dialectos
estruendo de palabras disueltas
en trozos de mundos huecos
que repiten con inconmovible indiferencia
de voces que mienten profundidad de cuerpos
mi muerte después de cada ausencia

CASA DE VIDRIO
A miles de años de distancia
fragmentos de otros mundos
tatuados de símbolos profanos
rozan superficie externa
de paredes concavas de vidrio.
A veces parecen aprehensibles,
establecen lenguaje sin sonido,
congregación de imagenes,
técnica de actos subliminales
que semejan juego de principios,
resplandor suspendido sobre líneas paralelas
en instante en que el allá seduce
recinto poblado por fantasmas
náuseas de comedia

PARÉNTESIS
Alguien sueña mi silencio
en recinto concavo de otro tiempo…
navega lúdicos reflejos
que emergen tras sucesión de gestos
evocados en páginas del viento.
Florecen metáforas en alas del deseo,
fusión de infierno y cielo
que proyecta preludio del vértigo.
Muerte y vida se entrelazan
entre impulsos internos,
concepción de sueños nuevos
sobre perenne hoguera
que resucita sus recuerdos.

Alguien sueña mi silencio
en recinto concavo de otro tiempo…
navega lúdicos reflejos
que emergen tras sucesión de gestos
evocados en páginas del viento.
Florecen metáforas en alas del deseo,
fusión de infierno y cielo
que proyecta preludio del vértigo.
Muerte y vida se entrelazan
entre impulsos internos,
concepción de sueños nuevos
sobre perenne hoguera
que resucita sus recuerdos.


RETORNO AL SER

BLANCO Y NEGRO

CERCANÍA DEL OBJETO
Cuando terminen de recorrer
caminos que separan
y entrelacen ojos, silencios y pausas,
partirán de nuevo cada uno
al extremo opuesto de la tierra.
Transitan purificación del tiempo,
cercanía del objeto
entre intervalos de fugaz y eterno,
punto central en que el ser se hace completo.

ELECCIÓN DE AMOR
Y volvemos al comienzo
cuando dos abandonan
cuerpos, bocas, pensamiento,
entre reposo y vértigo de amor y sexo,
brazos abiertos a fantasmas que evocan
olvido de signos, desvanecimiento,
tic-tac borrado por lluvia de fuego
frente a espejo que refleja
fragmentos de recuerdos
entre arrugas de epidermis,
trayendo mensajes de muerte
a fatal transgresión de leyes
-elección de amoren
tiempos de actos morbosos
orientados al culto de lo inerte.

INTERSECCIÓN

Bajo caminos de ceniza y polvo
cruza procesión sin rumbo,
sombras que duermen en cavidad de olvido
y deambulan círculos vacios.
Transitan avenidas de emociones difusas,
se cubren de sexualidad nocturna,
risas solitarias que navegan
embriaguez de actos en oferta
a lo largo de vasto mercado
de pluralidad en creencias
en donde crimen y santidad se mezclan.


CEREMONIAS
Escribe versos a la tierra
cuando lámpara lunar proyecta
espejos sobre su mesa.
Busca entre letras caminos de agua
que resarzan lecho de polvo en la garganta,
espera recostada a los pies de su sombra.
Hambre y sed se multiplican
en lenguaje suspendido en memoria
que gira en párpados del silencio
en el que solitario encuentra muerte
día a día en esquinas de su cuerpo.

DESPEÑADERO

57
SEGUNDA MORADA SEGUNDA MORADA

SUCESOS DE ORILLAS Y DE FONDO
Cuando todos duermen
y la hierba respira claridades
y en el aire un suave aroma
asciende entre capas melodiosas
canta un coro de pájaros la vida
brillando en caminos de plata y eslabones.
Allá tiernamente se desborda
un pecho herido en una luz perpetua
puliendo sueños de rítmos muy abiertos
en el rostro sabio de una piedra.
Y muda en silencio en un recodo
colmado de manos vegetales
todo esplendor y todo fuego
en el hondo dolor que se madura.
Como un sino tejido entre lo alto
y unos frutos creados en el barro
inclina el alma sobre aquel desnudo
perenne fanal que llama y boga.

TRAZOS LÚDICOS
Sobre silencio insuperable y ancho
extiende huellas en ajedrez noctámbulo,
mirada entre ídolos de arena
que caminan senderos en reversa
hasta el nacimiento exacto de una rosa
a partir de una migración de pájaros
sobre cresta de ola abierta.
Entonces juega a que se llama mariposa
oriunda de selvas indomables
donde la maleza basta para pintar el día de arco iris
y reinventa las cosas enterradas
en otras realidades muy lejanas
como una madre con pezones proveedores
y un hermano dador y una hermana sabia
que proyectan luz en lontananza
y todo aquello de lo cual carece.
En el paraje de orfandad contínua
ha aprendido a dialogar con el insecto
y la lagartija albina que en las noches
navega sombra de canoa
con rostro y cuerpo de dragón
a través de juego rítmico de luces
en aristas húmedas del ojo.

Y mira de nuevo en el fondo del espejo
un mirlo cantar serenamente
sentado en el borde de un mañana
sobre boca redonda
en que arden suavemente las palabras.

EL SEMBRADOR
a Viktor Frankl
Surca el cielo en un azul gigante
aquel que resucita flores muertas
cuando el viento sopla poesía
sobre un prado sembrado de presente
y emerge de sí como torrente
de palabras tejidas por la vida
que rien y lloran como si vivieran
y pudieran marcharse por si solas
más allá de aquel que siempre siembra
henchido de amor sobre la tierra.
Habla sin hablar lenguaje profundo de colores
sobre pasillos del tiempo
y un ojo incrustado en mitad del pecho
con un sabor a miel entre los labios
y un amargor sereno en un costado.
No le pesan los siglos a aquel que ve virtudes en potencia
dentro de la impenetrable e inhóspita dureza
que expulsa rencor como la náusea
tiñendo el suelo de tristezas…
y escribe versos cristalinos
no por negación sino por brio,
como proclamación y como himno
que pregona el infinito milagro de lo vivo.

TESTIMONIO NO RESUELTO
Un sonido agudo y repetido
como de piedras triturando viento
en la entrada triunfal del martilleo
rotundo y colapso entre los sueños
como si de momento el cierre pronto de salidas
fuera cordón de púas y de alambre
en cuello delgado y moribundo
bajo pared de ojos y de nombres
que observan la condición última y amarga
escurrida en ranuras como polvo
junto a rocas afiladas entre ritos
de tigres de bengala en frenesí de circos
y cuerpos alargados como espectros
en laberintos de lodo y catatumbas
girando en un grito que supura
soledad de nuevo descubierta
frente a frente a rostros taciturnos
y a la rata hambrienta de mirada fija
que devora lentamente la carroña
en el hondo abismo del silencio
de un presagio saliente del origen
suspendido en ceremonias de guadaña
montadas sobre el lomo de los siglos
desde el suplicio eterno del reflejo
que proyecta máscara de barro

con rasgos plácidos y humanos
como cualquier Juan y cualquier Ana
de tez serena y vestidura mansa.
Y de nuevo en el juego circular
que devora el lienzo de pájaros de trigo
en suelo dividido en dos fragmentos
voces que llegan de la altura
y sacuden el tiempo no resuelto
vuelto túnel y madeja de secretos
en el inmenso yo que nos ausculta
de puerta cerrada a la mesura
como honda cicatriz que siempre llora
llanto de errores y de pérdidas.

VOCES DEL ESTADO ONÍRICO
Aquellos lapsos en que aflora
un cuerpo de una orilla prohibida
en el sueño fragmentario de un segundo
que descansa en un pétalo dormido
rasgando el fino encaje de la aurora
como el muerto que retorna
vuelto aparición del purgatorio,
negado al olvido y al destierro,
más vigoroso y verdadero
que cuando era carne y lecho
y más que entonces se recrea
en una irrealidad de rosas fugitivas
y de páginas del drama que no fueron
ni anhelo, ni palabra escrita.
Cómo, sin saber, pero regresa,
por esa puerta de ángeles y miedo,
largo pasillo de mariposas de vidrio
y relojes que giran a la inversa
en busca de la hora perdida
de una zona poblada por fantasmas
y crimenes enterrados en el alma.
Quizá para saldar las cuentas
traicionadas y crecidas

o beber de un cáliz santo la pureza
acechan las sumas inconclusas,
el eco ronco de las voces
del lado milenario de los pasos,
muy lejano y desprendido
de la frágil lucidez de la memoria,
el peso grave de los tiempos reunidos
en el dorso suave de una hoja
que vuela sobre un silencio luminoso
poblado de noches y de días.

PROCEDENCIA O EL COLOR DE LAS
COSAS IDAS
Del minuto anestesiado en túneles de arena
y del centro de una rosa envejecida,
fija en la maceta, pero pálida
como una golondrina emparedada
con las alas secas de amargura
y el canto apagado y sometido.
Y de las noches desgajadas
en parajes curvos de la culpa
con el cuerpo convertido en piedra
como frágil estatua que el viento desmorona
sobre el charco gris de un ojo descubierto
en el centro sin fin de la consciencia.
Con cada gota que resbala
por el tallo infinito de la espera
febril en la búsqueda del hada
dormida en filamentos de su lengua
por el toque prodigioso de su gracia
la lejana dicha de una risa
procedente de un estado de belleza.
Del caminar escondido en el portal de las ausencias
como pájaro de papel lívido
asfixiado el sueño en caracol de voces repetidas,

sin tregua, ni elixir que mitigue
el pecho anclado en agonía.
Así nos ha llegado
en el salto de un momento
como silueta que emerge de la nada
y realidad invisible de otro mundo,
no sin peso en la memoria
y una imagen poblada de alegría.
Y como puente alargado que nos llama
y llanto que implora incontenible
una sílaba de amor y de ternura.

LAS CAVERNAS DEL OLVIDO
Su voz se pega a los ladrillos
en el lapso disperso de lo ído,
condenado el calendario y el lenguaje
habla solo como el loco en monólogo contínuo
y llora desconsolado sobre el peso de una araña
único cómplice del párpado caído
en recinto triangular de espejos
y retazos dormidos en el tiempo.
Más lejos de todos,
cuerpo que encogen los minutos,
horas, días, reloj sin manecillas,
insomnio atroz de la consciencia pura
que repite y multiplica
huellas hundidas en la mente.
Sí, lo sabe,
en cada instante acechan dos ojos amarillos,
sentenciado al letal tormento del olvido
se estremece ante el sonido de unas botas
que son y no son anuncio de los ayes,
última lágrima que rueda lacerada y suplicante,
el perdón que nunca llega de la multitud impenetrable
pintada de cal en los balcones
y de estiércol descompuesto en las letrinas.

Por eso busca y busca entre sus piernas
y su lengua y su costado desnutrido
el pájaro que inventa himnos de alegría,
la mancha en el techo convertida en lluvia
y el diálogo pletórico de euforia con la hormiga,
como si todo fuera hacia adentro
lo único real y vivo,
abrazado a la sombra rugosa y cercenada
que se proyecta en el piso cuando avanza.
Ya infinito y el mismo vuelve al giro y al delirio,
la muerte és sólo una palabra sin sentido…
desvanecido el límite y la náusea.

LAURA O EL ARTE DE LAS COSAS
VERDADERAS
Una cascada de pájaros de azucar
y mariposas de témperas azules
sobre alfonbra cubierta de casas diminutas
que vuelan en círculos desnudos
y se posan en la cumbre
de una montaña de humo y castañuelas
habitada por hormigas luminosas
y ríos que cantan tonadas a la luna.
En su vasto y lúdico paisaje
siembra frijoles rojos con pecas brillantes
y aguarda bajo sombra de imagenes
la pronta longitud de los ramales
crecidos en el infinito principio de un instante
hasta el suave piso de las nubes
donde viven duendes y gigantes.
Tal vez se hace flecha de luz cuando suspira
y sueña que asciende sobre peldaños de aire,
liviana y joven como sílaba primera
que surca proyección de prodigios en su risa
y es siempre voz que sube y baja
melodiosa y de dicha entrelazada
y chorro que resbala entre mis sombras

como mañanas desprendidas de la vida.
Yo le escribo
porque en su frente me sonrie un gato
con alas tejidas de cristales
y puedo leer el tiempo entre sus ojos
suspendido en el pecho de una rosa
que fluye como un sol y se desborda
sobre tierra poblada por palabras.
Yo le escribo
porque en su casa las mandarinas son rosadas
y los perros hablan y pintan con pinceles de agua
y porque el mundo tiene profundidad y tiene tino
en el valor supremo de las cosas
que se revelan en el lapso fugaz del parpadeo
cuando vuelta latidos y fiesta de colores
se esparce y se reune como un canto
mecido en los brazos de mis días.

ENTRE MORADAS DE LUZ Y SOMBRAS
Retoza el viento cuando pronostica
estación joven de las horas
esculpidas en pupila fija
húmeda y largamente pensativa
sobre abrazo aéreo de las flores
en trenza y vaiven, la transparencia,
y la fiesta conjugada en los colores
convertidos en líquido, mineral y plumas.
Siempre lo ha sabido la paloma
inmersa en el blanco de su vientre
que es madre y transeúnte de las cúpulas
y cristalina mensajera de los dioses.
Porque la luz se estira cada día
y se echa a nadar entre las olas
y se da benévola en los montes
y en el puente que se alza
sobre dos fraternas mariposas
que se rozan de costado y tenuemente
y se amarran como una única mancha voladora.
Aquí el amor es piedra que respira
y familia que se hospeda en casa de los mirlos,
miga de pan para la hormiga
y comunión que cae como lluvia que palpita

sobre el lomo limpio y sucio,
pacíficas curvas de la tierra
salpicadas de montañas y sudores
y preñada de verde, cicatriz y hombres.
Todo empieza en el flujo y el fragmento
la plegaria ensimismada de un momento
parado en los pechos de una aurora
y el sol descendiendo en escalones
sobre el polvo de los seres,
aglutinados y vertiginosos
como enjambre ebrio por el orbe.
Es por tanto y sin premura
dichoso el paso de la rosa
que se sabe leve y cronométrica
pero encarnada en un instante de belleza pura
como la más real y majestuosa,
espejo de la gallardía
que se asoma en la raya divisoria
de una realidad frágil y minúscula
y de cara al rostro de las nubes
se sonroja en la gota que resbala
y en el cortejo complice la abeja
repartiendo sus óvulos y olores.
Para las revelaciones y los dramas

se desliza sabiamente el río
en las reuniones y el espacio
como si fuera un libro a diario construido
y sueño que sueña en las raíces de los días
el significado oculto de los astros
y el enigma gozoso de lo vivo,
el porque amanece el árbol
con nuevas hojas y nuevos peregrinos,
los recién nacidos , hijos de los pájaros
y la planta que empuja y abre a su medida,
y piensa de nuevo, función pródiga y divina,
en el verdoso tejido de todos sus parientes:
sus hermanos ríos y sus tíos mares,
en la tierra esculpida por el aire
y el gusano transformado en ala.
Energía que cruza entre canales,
mundo de aquí y eternidades
suelta en el cuerpo y en el alma
como sed y plenitud aprehensiva
en el fruto molido entre unos dientes
que se entrega dichoso y por entero
y en el día macho que discurre
trémulo al encuentro de la noche hembra
para unirse en el segundo y perenne claroscuro,
en la brevedad de un solo brillo
como dos enemigos que se besan.

Son sacros los motivos de la hierba
tendida en el suelo como una mujer desnuda
pronta al contacto y al falo fecundo
por el chorro solar y el crepitar del viento
como corrientes surtidoras de ternura.
Y es sacro el pacto de los amantes
en la penumbra de una hora
de espalda al reloj puntual de la mesura
como un par de palabras vueltas una.
Para edificar sueños que perduren
y desafien las leyes imposibles
han de postularse teorías…
basadas en pruebas fidedignas.

SIMIENTE: CLAROSCURO
Todo se alberga en la memoria
dormida en semicírculos de sueños,
todo está en el minuto, la simiente,
como trazo blanco interceptado en sombras,
mis ciclos olvidados,
nombre de dioses sumergidos
en la llenura del alma y su vacío,
el barco que partió del muelle
transitado por cuerpos ténues
con ojos grandes como soles
encendidos en paredes de niebla
y una eterna exhalación de horas
vomitando lo que el día no digiere
con dientes feroces que trituran
lo que se fué pero que duerme
inadvertido y ligero como el aire
en una máscara de acero
y una espada reluciente como espejo
que se clava en un vientre vulnerable
de donde brota río mañanero
que trepa montañas escarpadas
y llanuras planas como líneas
que se pierden en el borde de mi última palabra.
Todo sobrevive en la memoria

aun las cosas que parecen nuevas
entre infinitas sumas y restas
de una larga estela forjadora
en cuerpo acurrucado en una concha
que da vueltas y vueltas
y se estira entre columnas redondas
escalinatas de miles de peldaños
hacia el centro de una hoguera
que arde en flor con pétalos de agua,
y queda mucho en el destello incandescente
de una luz que traga piedras gigantes como estrellas,
eco de voces que galopa
en colinas de viento divagante
y en el trompo claroscuro del tiempo
que gira danza de estómago redondo
sobre cementerio de tumbas abiertas
y ojos que rasgan la penumbra
del pájaro pensamiento, inmortal tejedor …
labrador perpetuo.

CARRUSEL DE PALABRAS
Como corpúsculo eléctrico y errante
en el alma curva de un sol
que teje casas en el aire
vigilante y lúdico
en la pulpa jugosa de una idea
sazonada en un pájaro de sangre
prisionero en jaula hambrienta
de las cosas que parecen ser pero que cesan
va la mirada espesa
persiguiendo sílabas de muerte
en lo que vive y no muere
sílabas de deshora interminable
que quizá nos devuelvan
un transcurrir sin sombra.
Y asir con un tocar de huesos
musica esquiva del insomnio
que canta por igual lo cristalino
y lo siempre sencillo de lo efímero
con voz melancólica de río
y tonada delgada de una brizna.
Y saber que en el espacio existen puentes
como puertas de siglos transparentes
por donde las palabras van y vienen
libres y de un maduro pensar
en el rostro gemelo que me observa.

VIVENCIA POÉTICA
a Alvaro Mutis
A partir de una piedra que se abre
como libro hecho de túneles y tiempo
y un velero con alas de libélula
sobre el azul y el verde de la tierra
teje palabras entre horas húmedas
y una playa sembrada de huellas.
En el caracol infinito del silencio
reunido pecho y pensamiento
sopla el viento joven y se vuelve flauta
y el huracán agreste convertido en verso,
la flor de pétalo mazorca y perfume de aguasol
bajo lluvia de garzas y frutas voladoras
que se esparcen como cabellera suelta
entre signos grabados en cortezas
y un instante suspendido
sobre vegetación de letras.
De la risa y de la pena
y del éxtasis y la dicha derrumbada
bebe agua y bebe sangre,
hambre eterna de amor y de consciencia
y de sueños de Dios filtrados en poemas.
Más allá del cuerpo mismo

y de su propio movimiento y circunstancias,
derramado el lenguaje sobre su ser íntimo
es hermano profundo de la vida
en un latir parejo con el árbol
es árbol de fruto reflexivo
y es lluvia con la lluvia
y vuelo con el pájaro
y dolor con todas las heridas.
Hay un gran círculo en el cielo
que hace claros nuestros días
y faroles brillantes que encienden nuestras noches.
Si aún se habla de la rosa
y de los cuerpos que se aman
abrazados como antorcha
y de los derechos del río y la ballena…
sólo la palabra viva nos consuela.

ALEGORÍAS DEL AGUA
Aquellas pálidas mañanas
en que morimos de frío
bajo incesante corriente
de gotas con pies pequeños
en escenario de azul intenso
bailando vals con dedos elásticos
y tango de vueltas rotas
en la garganta del aire
tocando tambor de hojas aúreas
y maracas de guasca enlacada
en hilos perpendiculares y oblícuos
serenos y sombríos
y a veces trenzas redondas
racimo de lágrimas
que lloran nubes humanas
cargadas de ríos aéreos
de atiborrados océanos
en salida y en regreso
flujo y reflujo del agua
que sube y baja en camino
como temblando pulso
como sudando lirios
sobre rostros lisos
de piedras desatadas
en un baño matutino
estremecido en sollozos

ALEGORÍAS DEL FUEGO
Flores doradas ondulan la girnalda
con pétalos que caen como música encendida
sobre maíz de oro y silencio que pronuncia llamas
proyectando reflejos en las horas
abrazadas como lenguas de dragones
en danza erótica de ombligo de la tierra
doblemente enceguecida
en vientre vertical de salamandras,
una por ser fecunda
y otra por yacer sobre una pira,
hoguera que purifica
incendio que no es ceniza,
en la mirada precisa de un gato azul persa,
o en el remolino que da chispa
cuando dos alas robustas
se pulen en brillo y en vigilia.
Lumbre que nada rauda
bajo aguas habitadas por peces tigres
y cangrejos de ojos amarillo naranja
y en la arteria temporal
que desciende y se bifurca
vestida de artemisa
mezclandose en las venas
del árbol que transpira amor

convertido en hojas y en hormigas
y en el pájaro de plumas eléctricas y erguidas
como esbeltas columnas hacia el cielo
entre el mismo profundo fogonazo
que estremece y cauteriza
heridas abiertas como zanjas en la vida.

ALEGORIAS DEL VIENTO
Más que etéreo con un cuerpo cristalino
y conífera garganta de hilo
entre curvas y luces de los días
abierto en soplos y tallado por espuma
corre en saltos como un niño
del azul marino a la noche bailarina en cirios
y del pájaro remolino
entre montañas que respiran musgo
al sosegado canto de los grillos.
Y nos eleva en los mares de la vida
con manos de abuelos surtidores
de los dramas que recorren
los glaciales de la tierra
y el eco profundo de la piedra herida
para dibujar dos silfos fugitivos
en las arterias aéreas de los ríos
amarrados en aire por collar de aves
y en agua por venas serpentinas
del sol tañedor y la luna viola.
Como si tuviera ojos mira
en vuelo rápido y sonoro de su impulso
sobre el tiempo pegado de la hierba
y las torres castas en que anidan las palomas

y se condensa en la pupila abierta
con el pecho apresurado en lluvia
y la boca de astrosoprano
en la aguda cumbre de la dicha,
para estallar entonces
en melódicas bengalas que descienden
y crecen como plantas.
Yo lo veo cuando rueda
en escalinatas verticales de aire y agua
como caracol de blancos rieles
pródigo y desnudo en el laurel del júbilo
soplar y repartirse a sí mismo
sobre barcarolas encalladas.

PALABRAS DE AMOR ENTRE EL VIENTO Y YO
Viento trabajador tejiendo plumas
volcado entero entre montañas
bebiendo agua de lluvia y de riachuelo
todo boca mojada sobre mi piel desnuda.
Viento de ojos brillantes y de tibia lengua,
hermosísimo en su paso fugitivo
y en el juego volador de fiesta ebria
como cuerpo amoroso que se entrega.
Sobre mi como en un beso largo y muy ceñido
desde mi pelo que viaja entre rosas y amarillo
y una música que rueda lentamente
entre mis noches y mis días
y se queda muy profunda
en el brillo intenso de una luna sorprendida
sobre un pecho vuelto amor y vuelto vida.
Tu que eres azul, pero invisible
y que cantas sentado en una piedra
salmos puros que sólo en el delirio se asimilan
y trinos de pájaro feliz sobre hora inmensa.
Te suelto y te abrazo nuevamente,
vas y vienes por mi como entre ondas

todo silencio y alto en el pulso y en la forma,
y llegas otra vez suavemente y te acomodas,
libre tu y libre yo, pero uno solo
y tus brazos cristalinos de paloma
me eleven a cielos muy humanos
de flores que enseñan y meditan
y de perros, naranjas y caballos
todos vitales, profusos y hermanados.
Y te descubro en el hoy y diariamente,
tu sobrevives viento alado sin edad ni peso fuerte
en el allá, en las treguas y en las idas,
en lo denso y ancho y largo,
y en lo otro transparente
después de todos los ocasos.

SOMBRAS DEFORMES O SANGRÍA
La noche en que una invasión de moscas
cubrió de niebla el respirar nocturno
brotó un sonido con cuerpo de acero escupido desde el fango
tapizado por ojos alargados que hablaban sin hablar
agudo lenguaje de relámpagos.
Y ví en sus alas de azuloso negro
esbozado el rostro de un rencor severo
en vuelo silencioso de pájaro sediento
a través de círculos estrechos
de una garra extrema y vengativa
que se sabe inferior y muy marchita
como la sombra mínima de la belleza.
Desde el inhóspito impulso de su ser pequeño
hostigan con frías armaduras,
letal abrazo de la muerte vestida de consigna,
arrasando en equitativa porción de tiempo herido
los cuerpos que sucumben uno a uno
como hojas diminutas que acrecientan los escombros,
gozo vil de la victoria próspera
sobre el quiebre puntual de la agonía.
A mi derecha cae Juan José y a mi izquierda Benavides,
mirada impotente en el galope de una sombra precisa y sanguinaria
que se escurre sigilosa en el ácido destilar que pronostica
la inminente mordaza de la vida

que no grita porque no tiene lengua
ni manos para curar su propia herida.
Para el luto existe el llanto,
sacudida tierna de los pinos calvos,
enseñando el esqueleto circundado por asperas entrañas
de gallinazos con pupila helada
en giro silencioso de la dicha consumida
donde el dolor duele la muerte arrugada en el alma y afanosa
por crecer en número y en nombre,
como aquella ánima sola,
la llorona o madre monte,
tumida en el sin fin de su condena:
descarnada, despiernada, deshuesada, descorazonada, desojada,
por la lágrima tallada en espinas
que rueda y cae y de nuevo sube en el ciclo agudo de la pena.
LLega así con muchas formas en el borde del silencio
o en el estruendo veloz de la dureza
como derrota que emerge de las grietas
y caída de estrellas sobre follaje de tinieblas.
Desde la ventana del ojo insomne
decapitada la flor y el árbol dulce
trinan gorriones la palabra triste
teñida por Dios con el rubí del pecho
que suda gotas de melancolía.

NUMEN DE LAS PALABRAS
Ardían en tiempos minerales
palabras vivientes vinculadas con el todo
como esencia pensante de las cosas.
Entonces dialogaban con los hombres
como si tuvieran lengua
hasta que los dioses emigraron;
así la planta sólo fué una planta,
la piedra una sustancia dura y compacta,
y el pájaro un animal que vuela.
Pero la rosa es aún cantora
y lo és en el bosque de la lira,
voz femenina en noche de luna redonda,
voz masculina en día de flor gigante y amarilla,
canto de sirena con boca de gorrión
y cola de serpiente mítica,
en la luz intensa, en la penumbra densa,
en el ténue límite que las integra
una nube cae, un árbol vuela,
una sonrisa limpia
duerme en lecho con alas
que se desliza
en el blanco blanquísimo de una paloma
recostada en esquina de una sombra.

Y vuelve y canta
en la hora abierta que viaja en barca
por río desmesurado en ansias
siempre brillantes
siempre incesantes
en la inmortal ola que rueda rauda
en cuerpo tallado por palabras
como prisma ardiente
en llamas invisibles que vivifican …
pájaro: borbotón de luz
luciérnaga: linterna de sol minúscula
árbol: páginas de seda.
En la muerte sin fín
que gira en vueltas
escucho voces,
lejanas voces que cantan
caídas del cielo
y expulsadas de un cráter de la tierra,
ecos
sonidos
trinos
sílabas
chillidos
tic-tac anclado en reloj del sueño
como si modularan
uno y mil silbos,

casi lo adhiero,
está en mi boca
y en mi garganta,
y ahora trémula…
late en mi alma.

PARA AQUEL DESCONOCIDO
¿Por qué optar por la flor estrangulada
y derramar el vaso de agua
y elegir la palabra mentirosa
para hacerla bailar como serpiente
sostenida en flauta de cintura mágica
y vender éxtasis de luna sonrojada
en luces blancas que matan cuando miran
y no sentir piedad en forma alguna
por las aves melancólicas
que han dejado de volar
y de incuvar hijos en las cúpulas?
Solía verte pasear en corredores
de viento y de bambuco
con la dicha clara entre los ojos
y los sueños jovenes y pródigos.
Pero lejos de tí,
más lejos de tí mismo y dividido
deambulas como muerto que aún no muere
en el borde de las pieles demacradas
donde nadie más baila Sanjuaneros
ni silba despacio una tonada.
¿Por que elegir la flor sin vida
y vestirte con traje negro de sepulturero

y cubrirte la cara con máscara de entierro
y someter al pájaro
y amedrentar al río viejo
después de olvidar tu humanidad
y de arrancar de la tierra todos los recuerdos?
Yo iba a construir una balsa voladora
y un bosque para albergar repúblicas
antes del huracán de ojos fríos
y de la triste ola perdidiza.

INDELEBLE EN LA MEMORIA
Pequeña y frágil
rompe en giros los sollozos
y el brillo de una hora reluciente
pintada en borde de las horas
cósmicas como el rayo
que asciende de sus ojos
y en pleno vuelo embelesado
baila el zig-zag leve de la rosa.
Ténue en su paso
y bellísima en los sueños
que sueña con el tiempo ingrávido y dichoso
és ala entre otras alas diminutas
fugitiva del molde de la carne.
Porque en su pecho
amanece el sonido de la risa invicta
y se vuelve pájaro trigal y soplo de brizna
y jardín de paredes infinitas.
Y es más que mis palabras apagadas
y por ser más no viene de mi sino de otrora
del baile del sol y sus tres lunas
con flauta en los bosques y violines en el aire
en donde nacen en mi verdores musicales
y una canción de amor para arrullarle.

REVELACIÓN PRIMERA
Sol despierto, sol dormido,
en el dormir nocturno
y en el sueño diurno
interminablemente tendido en somnolencia,
cuerpo que parece alerta
furtivo entre párpados cerrados
flotando a la deriva
de río colgado de dos arcos
sin saber si la vigilia
es puerta de símbolo recóndito
y el sueño rostro descubierto
que revela verdadera esencia.
Y ascender uno a uno los peldaños
sobre horas en vela y nítida pupila
que exaltan y evocan tejido de los actos
buscando la palabra errante
a través del soplo de la brasa
como el Sidarta de las noches largas
y el ideal numérico de Pitágoras.
Instante de caudaloso río,
de un mezclarse con el agua,
de un fundirse con el fuego y volverse llama,
de un mirar a Dios cara a cara

en camino de espejos y añoranzas,
discurrir pausado del prodigio
de tomar el alma de las letras
como si latieran
y decir manzana y verla y comerla
como si fuera una manzana verdadera.
En donde gira la antorcha incandescente,
el rayo de luz en paralelas,
la sombra que trepa sobre piedras
está el asombro de la canción primera
redescubierta y benévola
en el llanto y en el árbol,
en el cortejo obstinado del insecto
y en el número vibrante de las cosas.

EN EL ÁRBOL DE LA LIRA
Alto paisaje de nombres adheridos
a través de círculos de pájaros
que proyectan íios de fuego derramado
sobre paraíso que se posa
en el pétalo reacio de una sílaba
que se abre y se cierra
como una extraña planta carnívora
devorando párpados del aire
y estrangulando frutos invisibles
con lengua de corpúsculos azules
y garganta esbelta de serpiente.
Herida abierta por lid de pechos aguerridos
en pupila que vigila y piensa
tesoros visibles y escondidos
bajo piedra triangular del tiempo
despierto y profundo de un sueño vivo
que no duerme porque escribe
y deshoja la penumbra yerta
en los ojos que lo auscultan…
como padre, como hijo,
en dimensión del pensamiento
de lo que ha sido y será
en el vientre de un segundo
inmerso en otro tiempo.

Aceite que alimenta
lámpara de mil noches y una,
pinceles del viento
que dibujan nombres verdaderos,
río que bebe silencios
y los convierte en peces de mercurio,
ideal de mis horas desgastadas…
ese verso que aún no escribo.

HERMANDAD
Vienen como de túneles del éter,
de un cielo sin reloj ni afán sañudo
con el amor inteligente y puro
a escribir páginas humanas.
Y son pájaros cantores de la altura
y de la rosa encendida en tierra buena
evocando versos inmortales
que giran en danza bellísima
de cuerpos brillantes y exaltados
sobre las notas del amor invicto,
del amor vencedor de toda prueba
como estado pleno de language vivo
y reproductor en el ojo y el sonido.
Por esa puerta de brisa y oraciones
y de silencio viajero en sueños ténues
hallo que tengo hermanos de aleluyas
latiendo en esquinas de poemas.

LOS RÍOS Y NOSOTROS
Va ligero y a veces muy despacio
como soñando en incesantes viajes
que no empiezan ni terminan
entre olas suaves y contínuas
y un verde extenso en sus orillas
que se inclina ante el para beberlo
y lanzar besos de hojas en su pecho.
Hermoso río de mil nombres,
hermoso como cuerpo desatado,
unido al cielo en largas manos
como caminos de luz y brillos puros
casi de bondad integra
dandose a todos exaltado.
Río hermano de los buenos y los malos,
de las criaturas buceadoras
y las bocas sedientas,
siempre plácido en los brazos y garganta
como un sentido y blanco canto que sonrie
desde la espuma alta
hasta el rumor de lecho silencioso.
Sobre tí navegan los días y las noches
soñando en sueños húmedos y limpios,

tu todo dador y largo espejo
de otros ríos que corren hacia adentro.

SOBRE EL LAGO MICHIGAN
Vertido de un jarrón cayó del cielo
entre olas de nubes y burbujas
bajo el manto blanco de una hora gélida
cubierta de pájaros de nieve
y tallos gruesos de pinos invernales.
Se inundaban entonces nuestros cuerpos
hasta volverse madeja de lana apretujada,
pero no las aves de cascada y agua
victoriosas en la cima y en el vuelo
de los implacables días bajo cero.
Yo tomaba su mano recién hecha
un 21 de marzo de Chicago,
aún adornadas las cúpulas de blanco
y de rojo marrón todas las esquinas.
Brillaban luces de geométricos diamantes
bajo el portal de su risa
entre una luna de cabello negro
y corrientes de aire denso.
Porque los pájaros de nieve
eran bandada de flores en la niebla
y familia de nombres en páginas de humo,
podía leerse una lista infinita de matices
escrita entre sábanas del frío.

MADRE UNIVERSAL
Se estremece conmovida en su íntima y humana
gestación de niños nuevos
con un eléctrico escalofrío en la columna
y un fuerte temblor entre las piernas,
doliendo el pecho y sangrando las entrañas
suda copiosamente y demacrada
en instante que recorre siglos y ecos de una hora herida,
se apronta a parir al árbol y la hierba
y al alto peñasco para el nido.
Rostro primigenio que madura
y que sabe de penas y de muerte,
sentada sobre montañas altas le canta himnos a la vida.
Así crece en lo simple y en lo grande
con el polvo del cielo pegado entre sus alas,
son asuntos de anhelo y de consciencia
su maternidad sembrada en esperanza.
Porque és árduo el trance de su vientre
y porque duele en el cuerpo enterrar hijos
llora a veces en noches solitarias
y vomita a través de las montañas
un soplo de angustia reprimido.

EL NAYA
Noche sumida en ventisca de ceniza,
irrupción de ejercito sin ojos
en estrecho pasillo de tinieblas
sembradas de chozas de palo y cartulina
entre maleza alta y columnas de serpientes
emergiendo sigilosas sobre el Alto Naya,
retazo de colcha carcomida
con los pies abiertos en la sed y el frío,
en la pupila impávida que mira
latidos caer como llovizna
que se vuelve reacia tempestad
y sacudida demacrada que vomita
cabezas y piernas en el brillo aguerrido de las sierras
y el grito fatigado de un árbol moribundo
que al contorno del desmayo se santigua.
La luz es luz y se despeña
en abismo abierto entre dos lenguas,
fingen las manos asesinas
y hablan de famélicos valores
como si el fusil fuera símbolo de vida
y su voz mana dador en las colinas.
Pero en la vasta constelación de diferencias
hay guerreros de armas que no matan,
ciclones de palabras que perfuman, dan sombra y no engañan,

redondas y frondosas como una mujer preñada.
Porque todo sufre hacia adentro y hacia afuera
si la carne se mirara como fuente
la elección sería un verso manso
como el leve movimiento de la hierba.

JUEGOS PARALELOS
Entre arboles espesos que palpitan
y voces robadas al silencio
se deprenden del tronco como ramas amarillas
niños demacrados y convulsos
con la guerra pintada en las mejillas.
Han jugado al soldado de plomo y al bandido
y al puñal heridor y vengativo
sin saber de errores ni de aciertos
ni haber caminado de la mano de los días
con la sonrisa limpia y serena
frente al sol y a la noche adornada con estrellas.
Y caen nuevamente y apagados
sobre el canto lúgubre del viento…
nuestros pobres niños jugadores
duelen en la sangre y en los besos.

Entre arboles espesos que palpitan
y voces robadas al silencio
se deprenden del tronco como ramas amarillas
niños demacrados y convulsos
con la guerra pintada en las mejillas.
Han jugado al soldado de plomo y al bandido
y al puñal heridor y vengativo
sin saber de errores ni de aciertos
ni haber caminado de la mano de los días
con la sonrisa limpia y serena
frente al sol y a la noche adornada con estrellas.
Y caen nuevamente y apagados
sobre el canto lúgubre del viento…
nuestros pobres niños jugadores
duelen en la sangre y en los besos.


UNA VEZ ROTOS LOS VÍNCULOS
Para los días en que el cielo se viste de tormenta
y desciende como chorro helado
sobre cuerpos que se arrastran en la tierra
con ojos que proyectan enemigos en las sombras.
Por eso llora Juan maizero sobre el monte,
por sus niños robados en la noche
del juego entre barro y agua clara
a la marcha demacrada de la muerte
que señala a la derecha y a la izquierda
rostros adversarios y lejanos
que por dentro y por fuera se parecen.
Gira el aire entre ramas y entre carne
y trina el ave sobre el rosal desnudo,
después del nombre que se borra
y de la dicha leve y derrotada
canta el viento con un alma mansa,
a la piedra, al azul y al verde
y a la luz que resbala de las flores,
firmemente alejado de los hombres.

Para los días en que el cielo se viste de tormenta
y desciende como chorro helado
sobre cuerpos que se arrastran en la tierra
con ojos que proyectan enemigos en las sombras.
Por eso llora Juan maizero sobre el monte,
por sus niños robados en la noche
del juego entre barro y agua clara
a la marcha demacrada de la muerte
que señala a la derecha y a la izquierda
rostros adversarios y lejanos
que por dentro y por fuera se parecen.
Gira el aire entre ramas y entre carne
y trina el ave sobre el rosal desnudo,
después del nombre que se borra
y de la dicha leve y derrotada
canta el viento con un alma mansa,
a la piedra, al azul y al verde
y a la luz que resbala de las flores,
firmemente alejado de los hombres.


MI TIERRA
Pobre mi tierra desgraciada
que suda sangre de cuerpos y de almas
desconsolada ha abierto los brazos a la muerte
como buscando un último sosiego en las estrellas.
Pobre mi tierra de horas inhumanas
y de gritos desgarrados entre balas
y bombas furtivas y mentiras y blasfemias
como un golpe a Dios dado con odio
y emboscado en una curva ciega.
Porque se ha cansado de ser piso de miserias
y cordero degollado en las esquinas
y ojo hinchado por la pena
y vómito desde al alba hasta las sombras…
pobre mi tierra en orfandad perpetua.

CICLOS
En el alto vuelo de unos brazos
como columnas erguidas hacia el cielo
asciende el silencio y muy despacio
poblado de luces y murmullos
que vienen de un amor de fondo triste
y herido en el pecho y en los ojos.
Porque tiembla el mundo cuando arriba se oscurece
y se abre la tierra en dos
como de pronto y gravemente,
casí como de un odio subterráneo
que siembra ternuras en las manos
y dolor insoportable en un costado.
Pero ancho y victorioso sigue
como cuerpo etéreo que a las horas sobrevive,
he de beberlo todo y muy despacio
aunque lo se llegando de la muerte.

165
TERCERA MORADA TERCERA MORADA

MORADA AZUL
“ Y te miro entre lámpara de trino
azul Domingo de mi pensamiento”.
Eduardo Carranza
Hilo de agua que recorre
espacio azul de jeroglíficos,
línea recta en semicurvas,
sucesión de puntos cayendo sin descanso
en pequeño recinto
en donde yace solitario
con los párpados cerrados
sombra que a lo lejos añora
contornos de su cuerpo
desvanecido en pozo oscuro
donde desaguan deseos
que son reflejos polimorfos,
causas tramadas
sobre fondo de actos viles
en el bullicio del encuentro delirante,
callejuelas semiocultas,
suelo de piedras agudas
entre miradas que no tienen ojos,
mueca nocturna de ebriedad y náusea.
Bajo huella de hora grávida
inmerso en su miseria pura
y mis palabras de humo,

inútil cavilación en la distancia
a través de lluvia de ceniza
sobre mozaico gris de mis pasillos
estrechos laberintos cruzan mi memoria,
abierta, desmesurada, pensativa,
como noche hundida
en prisión infinita del insomnio.
Al filo de un anuncio fulminante
sobre sol de rosa desgajada
y la mirada absorta en el grito de la página
sobre mesa donde el pan se amasa
suspendido en el sosiego
se instaló realidad nefasta
como un grito sin voz
y un desgarrar sin dedos.
Ya no habita en donde estaba,
dispersión entre objetos intangibles
y ventanas de vidrios en añicos,
suspensión en soledad de una palabra.
Sumergido en el rigor
de un minuto desprendido,
roto el diálogo con la naturaleza
en el vaso glacial del torbellino
no viene, ni va, ni es final ni principio.

Y más que grito de agonía,
y más que palabra sudorosa,
y más que arteria adolorida,
y más que fatiga enflaquecida,
su voz desemboca en una mueca,
en la alberca apagada del mutismo,
en el reverso de la luz,
en la risa gastada del espantapájaro,
en el sueño tullido y fragmentario
en donde duerme sin dormir
junto a grietas de su sombra.
El cielo…
a veces nube eléctrica
se desploma
sobre día de diluvio que no cesa:
soy de cuando en cuando
el charco que se inunda con su fuerza,
escritura de pino y palma
recopilación de páginas antiguas
a través de millones de años,
viaje en partículas de vida
por infinita espiral de leyes altas.
Ante la luz opaca del rectángulo
y paredes de amarillo encendido y verde oliva,
divagación en imagenes que fluyen en la semejanza,

entre el ir y venir de los conjuros,
de las contradicciones hasta los axiomas
brota desmesurado amor,
herencia de los siglos,
desde las algas marinas y los cocodrilos
y las voces de los mayores en los libros
y aún en el presente encarnado en el olvido
una lámpara de aceite intenso siempre brilla
en el advenimiento y al final del tiempo,
después de la muerte
y del Padre y del Hijo y del Espíritu
y del desfilar mudo de los dramas
reposamos sobre tarde que respira agua.
Sin más sumas para pesar en la balanza
su devenir naufraga en el azul violento
de una historia vana,
¿que quedará después de la última palabra?
hay causas que son sofismas y se hacen ciertas
después de ser multiplicadas.
Transcurrir de pasos con los huesos blandos
gorrión detenido en estación verdosa
a través de juegos polimorfos
en paila de carbón y leña
en donde la leche sudaba pecas
vertida en olas de espuma y canela

como brillo de pólvora para una fiesta.
Jubilosos minutos sin demora,
obediencia de las reglas,
mañanas de sol radiante
que no aspiraban a más
que al acontecer de lo que fuera
como el girar del trompo sobre calles de polvo
y la impaciente incursión de la A hasta la Z.
No sé en que momento descubrí su ausencia,
extraño de rostro que observé
durante un millón de días,
un vacío infinito nos separa,
angustiosa sobriedad del alma
el saber y no saber nada
conocer e ignorar del otro
su verdad callada,
pero somos soledades largas
que en lo de humano se hermanan.
Soy de sangre y soy de madrugada,
siete lunas me vigilan
con mi llanto a solas
cuando afuera se detiene el mundo
me cubre un océano de sílabas
que me piensan, me hablan,

me niegan, me abandonan.
La muerte nos visita con frecuencia
aquí, en la historia edificada sobre penas
donde el miedo se asoma
en poderosos y en anónimos
y la deshonra gira
en inagotables vueltas de un minuto de verguenza,
por una razón incalculable
el hombre descubre al otro
y en el espejo sin nombre …
a él mismo.
Aguarda la fecha
de hilos dispersos en caminos serpentinos
al borde de sentencia punitiva
derrumbe contínuo de los sueños,
és cierta la culpa,
pero de quien ajena?
del azul tormenta al azul de primavera
nos acecha el veredicto,
Dios nos mira con ojos desmedidos,
en el enigma del verbo herido
no somos la sombra del comienzo.
Allá en el lapso del pétalo que cae
entre angeles con manos de fuego
emerge lenguaje profético

que es censura en boca arqueada con un rictus severo:
seres pretéritos
de acontecer compulsivo y paranoia
en centro de silencio desolado,
seres de la niebla sin ojos y sin nombre,
pequeños seres que van a la deriva
pero no crecen,
no más que un instante estrangulado
en los dedos de un vacío inerme.
Una noche sin fin nos abordó la demencia
y sus pies emprendieron veloz carrera,
despertaba la palabra reprimida
en el no te conozco … tratas de matarme,
acusación a sus fantasmas diurnos,
mariposas negras: mal augurio,
fascinada en la ruptura de las horas
y en el centro de un mundo
poblado por cuerpos etéreos
que murmuraban melodía nueva
llegó la virgen mensajera
y el desfile de los mártires,
rosario interminable
en manos de odio feroz y ojos de guerra.
Mi casa es pequeña
-tiene rejas

la excepción es el abrazo del poema,
de Rilke a la piedra de sol de Octavio Paz,
lluvia verbal sobre fiesta desatada
en suelo de inocencia.
Adherido en mi y en el zumbar que me circunda
me escribe una fecha muerta,
mi tiempo se parte en dos,
los días revientan,
gotas vivas ruedan secreta ceremonia,
a la vuelta de un susurro en letanía
arribará la justa providencia,
de la historia enmascarada,
de la mentira convertida en dogma,
a la hora precisa del aquí perdido
en el hambre y la sed
de la náusea colectiva.
Aguarda por la última puntada,
aguja de acero y lánguido reflejo,
enhebra el hilo el tejedor del viento
uno… dos…
hasta los cientos,
en puntos de cruz y círculos de lana,
figuras de flor oveja sobre la manta,
se vislumbra el tejido
en la sombra dorada y en la luz grisácea:

trémula en sí se desboca la palabra.
Arde el minuto ciego
en el doblez del overol naranja,
no sé que come…
quizá se alimenta de ceniza y cáscara,
frutas peladas y desdeñadas
en el festín del Thanksgiving,
o en el carnaval del vino
tras genuflexión
después de semana diáfana.
Aguarda a la dama blanca,
la de velo puro,
aquella que fué primera
sobre sábana de lágrima nueva y cuna,
también es ella quien nos acecha
en el quiebre de las vueltas,
cuando nos abandona todo,
el disfraz y la mueca.
Se me escapa la vida
entre agujeros ovalados,
se escurre sigilosa entre el anular y el índice,
bajo retratos de espectros añorados
adheridos al tiempo taciturno
donde se ocultan los que nos han dejado,

por ser poco o por ser mucho,
ante muralla gruesa, del otro lado
y desdibujados de su pupila abierta.
Pálida su fisonomía,
luminosa palidez de cera,
proyecta imagenes gravadas
en la sucesión y en la llegada simultánea
de las causas recogidas
en la extensión de la nada.
En dónde está la embriaguez sutil e irrepetible
del destello fructuoso del segundo
en que la aparición fué realidad única
en el lado visible de un astro sorprendido
cuando no existía la aquiescencia
ni el frenesí del bullicio?
En dónde aquel segundo herido
de belleza perpetua,
la que se atisba como centella
cuando el ojo abre y cierra.
Se fué sin más y sin pena
en la cresta de un aire ignoto
mientras en la frontera final
el verso se hacia reflujo
entre pliegues de vivencias.

Se estremece en la espera,
solo… como el último hombre de la tierra,
entre arrugas de nieve
que se asoman en abertura pequeña
de ventana remota a donde el sol no llega.
Se desgasta partiendo la noche
en pedazos minúsculos
como contando arena
en la costa interminable
donde reunidos los granos
se desnuda la conciencia.
Y analiza el acertijo,
una y mil veces
en cavilación de asceta,
extenuado en el “abrete sésamo”
que rompe el embrujo- cerradura
de la caverna.
Vasto incendio inflama a la quimera
que se desata en estadios de la sangre,
agudiza la fiebre en la pupila dilatada
y pinta de azul colérico la carne.
Revoloteo en la constelación de duendes,
navegan en el viento silfos del baile
y en la comunión de la brasa fulgurante
exquisito alimento de la salamandra.

Amanece la quimera,
se dispersa…
en cometa de un más allá gigante
que engendra estrellas,
jardín de flores aladas,
partera de los mortales
que van recogiendo hallazgos
para cesta furtiva de operación instantánea,
deshojando el pensamiento
y el minuto titilante en el milagro
como el feliz encuentro
del lenguaje humedo del niño perro
o del árbol anciano,
melancólico y cansado,
con voz ronquera verde de sus manos
después del cotidiano y recio diálogo con el aire,
cuando sugiere:
ya no hables!
prefiero oir lo que callas,
“ la otra voz”
la de la pausa sabia,
en ella la vida se realiza
y la muerte se desprende
de su quietud momentánea
para beber en cáliz de cuerpo tibio
un sorbo de noche y d&ia


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